La aventura de ser maestro
“La enseñanza es una profesión ambivalente. En ella te puedes aburrir, y vivir cada clase con ansiedad; pero también puedes estar a gusto, rozar cada día el cielo con las manos, y vivir con pasión el descubrimiento que, en cada clase, hacen tus alumnos.”
Me inicié en la enseñanza con ansiedad; Nadie nos enseña a ser profesores y tenemos que aprenderlo por ensayo y error. Hacía ya casi 7 años de haber terminado la normal, con mis 25 años a cuestas, con un puesto a nivel estatal en la Secretaria de Recursos Hidráulicos, con experiencia en organización de campesinos y además con la prepotencia de haber estudiado para maestro, pero creyéndome ingeniero, por que así me decían, inicie mi aventura de ser maestro. Tal parece que estaba en un conflicto de identidad profesional.
Mis alumnos, estudiantes del nivel superior, la mayoría producto de un plan remedial, muchos de ellos mayores que yo, algunos con experiencia en la docencia de nivel medio superior, con puestos y trabajos similares al mío, y para colmo de mis males, ellos sabían mas que yo de agronomía, habían terminado años antes la carrera de técnico agropecuario, área en la que se desenvolvían con bastante fluidez, ellos fueron los que me pusieron en mi lugar.
Ser maestro, no bastaba con haber estudiado la carrera para ello, ser maestro, no era tener amplios conocimientos sobre determinada área, ser maestro era vivirlo, era practicarlo, era prepararlo, era querer serlo. “con el paso del tiempo, corrigiendo errores y apuntalando lo positivo, pude abandonar las apariencias y me gané la libertad de ser profesor…” Y con la libertad llegó la alegría por mi trabajo.
Pensar y sentir. “El magisterio es dedicar la propia vida a pensar y sentir, y a hacer pensar y sentir; ambas cosas juntas.” Y así pasaron 3 años, recuerdo que criticaba a quienes utilizaban textos demasiado antiguos para impartir sus clases, utilizaban ejemplos de cultivos no reconocidos en la región, para exigir prácticas desconocidas, y me decía, yo si debo adecuarlos al entorno, pero al final caía en lo mismo, dictar y explicar casos no significativos, cosas que si les interesaban podrían obtenerlas fácilmente, todos estaban en el medio y así olvide mis preocupaciones.
La escuela es “un sitio adonde vamos a aprender, donde compartimos el tiempo, el espacio y el afecto con los demás.” Y no se piense que sólo se abre la mente a los alumnos. También la del profesor se expande.
Y me fui becado a estudiar al D. F., Ingeniero Agrónomo Especialista en Educación Agropecuaria, acepte la beca por lo de ingeniero, yo deseba serlo, lo de dar clases, creía yo, eso lo dominaba fácil. Y ahí en el CDPEA, entendí, la importancia de ser maestro y no enseñante, y lo logré al ver el actuar de mis maestros y los comprendí, y me dije que mi actualización debería ser en el acto de ubicarme primero como alumno, para entender si mis alumnos entenderían, lo que se me pedía en los planes y programas de estudio.
“Descubrí que el objetivo es ser maestro de humanidad. Lo único que de verdad importa es ayudarles a comprenderse a sí mismos y a entender el mundo que les rodea y el valor humano del conocimiento… Hay que volver las miradas de nuestros alumnos hacia el mundo que nos rodea y rescatar las preguntas iniciales obligándoles a pensar a través de las materias que enseñamos, o quizás, a pesar de las materias que enseñamos.”
Las dificultades a sortear
Identidad profesional. “El primer problema consiste en elaborar tu propia identidad profesional. Esto implica cambiar tu mentalidad, desde la posición del alumno que siempre has sido, hasta descubrir en qué consiste ser profesor. Y aquí aparecen los primeros problemas…”
Y llegue al CBTa 113, con mentalidad reformada, deseoso de ser participe del cambio, el primer semestre lo logré, pero… el sistema se encargó de recordarme la realidad, antes que nada están las necesidades de la institución, y no había maestro de inglés, y mi identidad profesional cayó en un bache, y al final del semestre mis alumnos preguntaron a las autoridades de la escuela “el próximo maestro de inglés, si sabrá hablar inglés”
Como profesor, supe motivar a mis alumnos, pero ante la carencia del conocimiento del idioma extranjero, la motivación no lo fue todo. Pero salí adelante supieron realizar traducciones técnicas. “el profesor novato tiene que solucionar los problemas prácticos que implica entrar en una clase, cerrar la puerta y quedarse a solas con un grupo de alumnos”.
Algunos profesores están a gusto en su trabajo, y descubren que es por una actitud de servicio hacia los alumnos, por aceptar que la primera tarea es encender el deseo de saber, por aceptar que el trabajo consiste en reconvertir lo que sabes para hacerlo accesible... en responder a sus preguntas sin humillarlos y sin sentirnos humillados. Lo importante son los alumnos.
Comunicación e interacción. El proceso de aprendizaje implica entender que una clase funciona como un sistema de comunicación e interacción. Un profesor necesita dominar las técnicas de comunicación grupal. El problema no consiste sólo en presentar correctamente nuestros contenidos, sino también en saber escuchar, en saber preguntar y en distinguir claramente el momento en que debemos abandonar la escena.
Y con la reforma educativa del año 2004, pude al fin interactuar con base constructivista, no soy el dueño del conocimiento, pero si puedo ser el facilitador de nuevos conocimientos basados en conocimientos anteriores, dar continuidad, y para ello se requiere que otros actores entren en escena, para que sean participes de lo significativo del aprendizaje, para que lo comprueben y lo vivan y los alumnos se sientan seguros de lo aprendido y estos actores nuevos que introduje a mi clase, fueron los padres de familia, y fue un éxito. ¡Ah! y los alumnos se sintieron importantes, al ver que los miembros mayores de la sociedad en que conviven a diario, les reconocían sus esfuerzos para adquirir nuevos conocimientos.
Disciplina. En realidad, es un problema muy unido a nuestra seguridad e identidad. Hay que organizar la clase para que el grupo funcione sin conflictos. El razonamiento y el diálogo son las mejores armas. Los alumnos son razonables, si la razón te asiste, y en ella fundas tu propia seguridad, los alumnos descubren cuáles son los límites. Y para ello requieren su propio espacio, su identidad, y si les ayudas a razonar, fantástico, ellos ponen sus reglas y se encargan de cumplirlas y de hacerlas cumplir.
Contenidos y niveles. Yo también protesto por el bajo nivel con el que me llegan mis alumnos, pero protestar no sirve de nada, no hay más que una alternativa: o los haces que piensen y razonen de la importancia de su estancia en la escuela con su futuro y con la sociedad o dedícate a otra cosa. “O los vas dejando tirados conforme avanzas en tus explicaciones…” el reconocimiento de tu fracaso y no olvides lo importante de ser maestro de humanidad.
El orgullo de ser profesor. Y ahora, ya, el tiempo corre en mi contra, 39 años hace que salí de la escuela normal. He hecho lo que quería hacer. He sido responsable de que mis alumnos asimilen mis logros y extraigan consecuencias de mis fracasos. Y, junto a mí, veo algunos colegas, en las zonas rurales más apartadas, orgullosos de ser profesores, trabajando día a día por mantener en nuestra sociedad los valores de la cultura y el progreso... entre ellos hay valiosos maestros de humanidad.
Espero que esta lectura, combinada con relato propio de mi aventura, no los haya cansado, espero vuestros comentarios.
Fraternalmente
Matías
“La enseñanza es una profesión ambivalente. En ella te puedes aburrir, y vivir cada clase con ansiedad; pero también puedes estar a gusto, rozar cada día el cielo con las manos, y vivir con pasión el descubrimiento que, en cada clase, hacen tus alumnos.”
Me inicié en la enseñanza con ansiedad; Nadie nos enseña a ser profesores y tenemos que aprenderlo por ensayo y error. Hacía ya casi 7 años de haber terminado la normal, con mis 25 años a cuestas, con un puesto a nivel estatal en la Secretaria de Recursos Hidráulicos, con experiencia en organización de campesinos y además con la prepotencia de haber estudiado para maestro, pero creyéndome ingeniero, por que así me decían, inicie mi aventura de ser maestro. Tal parece que estaba en un conflicto de identidad profesional.
Mis alumnos, estudiantes del nivel superior, la mayoría producto de un plan remedial, muchos de ellos mayores que yo, algunos con experiencia en la docencia de nivel medio superior, con puestos y trabajos similares al mío, y para colmo de mis males, ellos sabían mas que yo de agronomía, habían terminado años antes la carrera de técnico agropecuario, área en la que se desenvolvían con bastante fluidez, ellos fueron los que me pusieron en mi lugar.
Ser maestro, no bastaba con haber estudiado la carrera para ello, ser maestro, no era tener amplios conocimientos sobre determinada área, ser maestro era vivirlo, era practicarlo, era prepararlo, era querer serlo. “con el paso del tiempo, corrigiendo errores y apuntalando lo positivo, pude abandonar las apariencias y me gané la libertad de ser profesor…” Y con la libertad llegó la alegría por mi trabajo.
Pensar y sentir. “El magisterio es dedicar la propia vida a pensar y sentir, y a hacer pensar y sentir; ambas cosas juntas.” Y así pasaron 3 años, recuerdo que criticaba a quienes utilizaban textos demasiado antiguos para impartir sus clases, utilizaban ejemplos de cultivos no reconocidos en la región, para exigir prácticas desconocidas, y me decía, yo si debo adecuarlos al entorno, pero al final caía en lo mismo, dictar y explicar casos no significativos, cosas que si les interesaban podrían obtenerlas fácilmente, todos estaban en el medio y así olvide mis preocupaciones.
La escuela es “un sitio adonde vamos a aprender, donde compartimos el tiempo, el espacio y el afecto con los demás.” Y no se piense que sólo se abre la mente a los alumnos. También la del profesor se expande.
Y me fui becado a estudiar al D. F., Ingeniero Agrónomo Especialista en Educación Agropecuaria, acepte la beca por lo de ingeniero, yo deseba serlo, lo de dar clases, creía yo, eso lo dominaba fácil. Y ahí en el CDPEA, entendí, la importancia de ser maestro y no enseñante, y lo logré al ver el actuar de mis maestros y los comprendí, y me dije que mi actualización debería ser en el acto de ubicarme primero como alumno, para entender si mis alumnos entenderían, lo que se me pedía en los planes y programas de estudio.
“Descubrí que el objetivo es ser maestro de humanidad. Lo único que de verdad importa es ayudarles a comprenderse a sí mismos y a entender el mundo que les rodea y el valor humano del conocimiento… Hay que volver las miradas de nuestros alumnos hacia el mundo que nos rodea y rescatar las preguntas iniciales obligándoles a pensar a través de las materias que enseñamos, o quizás, a pesar de las materias que enseñamos.”
Las dificultades a sortear
Identidad profesional. “El primer problema consiste en elaborar tu propia identidad profesional. Esto implica cambiar tu mentalidad, desde la posición del alumno que siempre has sido, hasta descubrir en qué consiste ser profesor. Y aquí aparecen los primeros problemas…”
Y llegue al CBTa 113, con mentalidad reformada, deseoso de ser participe del cambio, el primer semestre lo logré, pero… el sistema se encargó de recordarme la realidad, antes que nada están las necesidades de la institución, y no había maestro de inglés, y mi identidad profesional cayó en un bache, y al final del semestre mis alumnos preguntaron a las autoridades de la escuela “el próximo maestro de inglés, si sabrá hablar inglés”
Como profesor, supe motivar a mis alumnos, pero ante la carencia del conocimiento del idioma extranjero, la motivación no lo fue todo. Pero salí adelante supieron realizar traducciones técnicas. “el profesor novato tiene que solucionar los problemas prácticos que implica entrar en una clase, cerrar la puerta y quedarse a solas con un grupo de alumnos”.
Algunos profesores están a gusto en su trabajo, y descubren que es por una actitud de servicio hacia los alumnos, por aceptar que la primera tarea es encender el deseo de saber, por aceptar que el trabajo consiste en reconvertir lo que sabes para hacerlo accesible... en responder a sus preguntas sin humillarlos y sin sentirnos humillados. Lo importante son los alumnos.
Comunicación e interacción. El proceso de aprendizaje implica entender que una clase funciona como un sistema de comunicación e interacción. Un profesor necesita dominar las técnicas de comunicación grupal. El problema no consiste sólo en presentar correctamente nuestros contenidos, sino también en saber escuchar, en saber preguntar y en distinguir claramente el momento en que debemos abandonar la escena.
Y con la reforma educativa del año 2004, pude al fin interactuar con base constructivista, no soy el dueño del conocimiento, pero si puedo ser el facilitador de nuevos conocimientos basados en conocimientos anteriores, dar continuidad, y para ello se requiere que otros actores entren en escena, para que sean participes de lo significativo del aprendizaje, para que lo comprueben y lo vivan y los alumnos se sientan seguros de lo aprendido y estos actores nuevos que introduje a mi clase, fueron los padres de familia, y fue un éxito. ¡Ah! y los alumnos se sintieron importantes, al ver que los miembros mayores de la sociedad en que conviven a diario, les reconocían sus esfuerzos para adquirir nuevos conocimientos.
Disciplina. En realidad, es un problema muy unido a nuestra seguridad e identidad. Hay que organizar la clase para que el grupo funcione sin conflictos. El razonamiento y el diálogo son las mejores armas. Los alumnos son razonables, si la razón te asiste, y en ella fundas tu propia seguridad, los alumnos descubren cuáles son los límites. Y para ello requieren su propio espacio, su identidad, y si les ayudas a razonar, fantástico, ellos ponen sus reglas y se encargan de cumplirlas y de hacerlas cumplir.
Contenidos y niveles. Yo también protesto por el bajo nivel con el que me llegan mis alumnos, pero protestar no sirve de nada, no hay más que una alternativa: o los haces que piensen y razonen de la importancia de su estancia en la escuela con su futuro y con la sociedad o dedícate a otra cosa. “O los vas dejando tirados conforme avanzas en tus explicaciones…” el reconocimiento de tu fracaso y no olvides lo importante de ser maestro de humanidad.
El orgullo de ser profesor. Y ahora, ya, el tiempo corre en mi contra, 39 años hace que salí de la escuela normal. He hecho lo que quería hacer. He sido responsable de que mis alumnos asimilen mis logros y extraigan consecuencias de mis fracasos. Y, junto a mí, veo algunos colegas, en las zonas rurales más apartadas, orgullosos de ser profesores, trabajando día a día por mantener en nuestra sociedad los valores de la cultura y el progreso... entre ellos hay valiosos maestros de humanidad.
Espero que esta lectura, combinada con relato propio de mi aventura, no los haya cansado, espero vuestros comentarios.
Fraternalmente
Matías
